La persona orientada a la aportación y a la apertura de espacios

LA PERSONA ORIENTADA A LA APORTACIÓN Y LA APERTURA DE ESPACIOS

por Jorge Pinedo Rivera

 

Cuando una persona tiene la tendencia hacia la aportación, se preocupa ante todo por entregar en cualquier contacto con los demás algo positivo, constructivo y valioso. Aprovecha una junta de trabajo, una entrevista, una conversación o una negociación para asegurarse de hacerlo.

Este interés, con el tiempo, se verá recompensado de múltiples maneras, por el reconocimiento y aprecio que le mostrarán las personas a las cuales ha aportado, por el cierre de un contrato, por las amistades cosechadas y también por la apertura de nuevos espacios para aportar, que es el tema que ahora nos ocupa.

Abrir un espacio de aportación consiste en crear un lugar en donde antes no existía. No es arrebatar a otro su espacio y quedarse con él, ni se trata de desbancar al que ya estaba ahí, o en ganar la carrera o la competencia, no, no es nada de eso, es haber creado un nuevo sitio en donde antes no lo había.  Este proceso es similar a la generación de las células en nuestros huesos en donde no se eliminan las anteriores sino que en conjunto permiten que el esqueleto crezca o se robustezca.

No es necesario que el que ocupa el puesto superior se jubile para que yo llegue a ocuparlo, es ampliar las posibilidades porque se han creado nuevos satisfactores que entregar. Pensar de esta manera es generar el crecimiento, es hacer que las organizaciones verdaderamente se desarrollen y vayan produciendo cada vez más y de manera abundante.

Una persona que se enfoca a aportar se introduce a un sistema que paulatinamente la llevará a una mejor comprensión del mundo que la rodea, y a  descubrir  en su hacer diario que es lo que verdaderamente se encuentra brindando a los demás. Al aclarar su concepto, éste se convertirá en guía de su acción para abrir nuevas oportunidades que le permitirán seguir entregando su aportación y administrar los recursos que se pongan a su alcance para lograrlo.

Los espacios comienzan a abrirse cuando tengo conciencia de qué es lo que en el fondo me encuentro aportando. Si en lugar de creer que sólo vendo agua embotellada me diera cuenta que lo que en el fondo me encuentro aportando es mitigar la sed con la confianza de que el agua no contiene ningún germen, o que hiciera conciencia de que la necesidad del cliente es hidratar las células de su organismo, o que la razón por la que adquiere el agua que vendo es la comodidad de su adquisición y manejo, estaría en camino de descubrir nuevos espacios de aportación.

Por lo general cuando se desea incrementar el rendimiento de una persona se le dota de instrumentos, conocimientos o habilidades para hacerla más apta, y se descuida el propiciar su interés por convertirse en un ser de permanente aportación.

Con estas reflexiones se hacen dos invitaciones al lector, la primera es convertirse en una persona que utiliza cualquier contacto con sus clientes, proveedores, compañeros de trabajo o miembros de su comunidad para aportarles. La segunda es hacer el esfuerzo y tomarse el tiempo para definir lo en el fondo es su verdadera aportación, lo que a su vez le permitirá la creación de nuevos espacios, con la grandísima satisfacción de que en ningún momento se verá en la necesidad de desbancar a nadie porque nuestro mundo tiene necesidad de las aportaciones de todos los que en el vivimos y si sabemos crearlo hay espacio para todos.

Con esta forma de pensar se llega a la conclusión de que nadie sale sobrando, todo mundo es bienvenido en la construcción del gran bien comunitario.

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